Ata, el hombre de la luz

 

En este oficio se habla mucho de los actores, los directores, incluso a menudo de los efectos especiales, de los directores de fotografía, los encargados del vestuario, del maquillaje, y de tantos profesionales que ejecutan trabajos vistosos y muy necesarios para hacer creíble todo lo que ves en el cine y en la televisión pero, casi nunca, se habla de los que se levantan más temprano que nadie y marchan los últimos, estos son los hombres que ponen la luz: los eléctricos.

Quiero hablar de un eléctrico muy especial, os voy a explicar un poco quién era el “hombre de la luz”, mi querido y gran amigo Ata. Nos conocimos hace casi cuarenta años en los inicios del vídeo y él, además de ser un buen amigo con el que he compartido a lo largo de la vida muchos momentos inolvidables, era un buen eléctrico y un buen hombre que siempre ponía luz allí donde trabajaba: luz a los artistas, luz al equipo, luz a la vida, no sé de dónde sacaba chispas en los momentos más difíciles, pero él era de aquellos hombres que alegraba el ambiente rebajando la tensión de un rodaje que, a menudo, va cargado de horas de esfuerzos y nervios. “El Ata”, aparte de ser uno de los mejores eléctricos que he conocido y que trabajó en un montón de películas con los mejores directores del país, era un hombre humilde, trabajador, honesto, simpático e imprescindible en cualquier equipo de rodaje.

Os cuento cómo era él en un día de Pirena que ha sido uno de los trabajos que hemos compartido durante varios inviernos, pasábamos juntos en la montaña quince días llenos de trabajos, frío y aventuras: cargaba a la furgoneta todo el material bien ordenado y clasificado vigilando que no falte nada (focos, cámaras, baterías, cargadores, cables, prolongadores …), hacía un montón de kilómetros (no le importaba si llovía o nevaba, él se hacía la carretera y llegaba a la hora allí donde tocaba), distribuía todo el material al equipo (las cámaras, baterías, micros, tarjetas, …), hacía que las luces se pusieran en marcha siempre (era igual en qué rincón del mundo estábamos que, no sé de dónde sacaba la electricidad, pero todos los focos se encendían al momento) y al terminar, recogía, guardaba de nuevo dentro de la furgoneta todo el material, vigilaba que no faltara nada haciendo un inventario exhaustivo, cenábamos, íbamos a tomar una copita para reír y comentar cómo había ido el día y a dormir, pero antes, él ponía a cargar todas las baterías para tenerlas a punto al día siguiente. Todo un crack. Ah, y me olvidaba de su orujo hecho en el pueblo por su familia y que cada año siempre llevaba consigo para compartirlo con todos. ¡Espectacular!

Además, dejadme confesaros otra gran calidad que tenía, era su fotogenia, es por eso que aparece en dos de los videoclips más míticos que dirigí para Estopa. Si los miráis (los encontraréis más abajo) comprobaréis que su intervención en cada unos de ellos es corta pero contundente, no me extraña que muchos directores de cine con los que trabajó le pidieran alguna que otra intervención delante de la cámara, es por esto que, además de poner luz al rodaje, él se come la cámara con su interpretación. Un gran profesional y trabajador del mundo del cine.

Y por encima de su capacidad de trabajo delante de todos estaba el hombre de la luz, porque siempre la desprendía y, allí donde iba, llevaba electricidad suficiente para iluminarnos a todos.

Te has ido sin avisar y nos has dejado a oscuras (¡y sin orujo!), buscaré la luz en los recuerdos para volver a vivir y sentir todo lo que compartimos. Ata, allí donde estés pon luz a la humanidad. Descansa en paz.

 

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