Montserrat Caballé y las columnas del decorado de Freixenet

 

— Joan, la señora Caballé te reclama en el camerino—. Me alertaba Llorens, el director de producción de Studio Pomés.

— Vale, ahora voy —Le respondí un poco agobiado porque íbamos retrasados en la construcción del set de rodaje.

Estábamos acabando de colocar las 24 columnas que formaban parte del decorado donde había de actuar la internacional soprano; Iván Pomés, el arquitecto encargado de los decorados, las había diseñado con la técnica de la falsa perspectiva: la idea era crear un pasillo de columnas que tuviera unos 100 metros de longitud. Como sabíamos que el plató donde rodamos no disponíamos de tal distancia teníamos que conseguir el mismo efecto gracias a esta técnica: se trata de ir reduciendo la escala y la distancia entre cada una de las columnas a medida que se alejan del punto de mira, el diseño se había calculado previamente en ordenador y este dio las medidas exactas de las distancias y tamaños de cada una de las columnas; además, en el boceto pusimos la cámara baja para que la figura central, nuestra gran estrella Freixenet, tuviera una presencia y altura en consonancia con todo el decorado. Imaginaros el proceso, cada columna tenían diámetros y alturas muy concretas y su exacta posición marcada en el brillante suelo blanco del plató que, con mucho cuidado y protección en el calzado para no rallar la superficie, iban colocando una a una procurando no rozarlas, ni generar ningún tipo de ráfaga, para que esas frágiles piezas no caigan al suelo y desmonten tan minucioso montaje. El efecto era increíble, al visionar por el visor de cámara tenías una imagen impresionante, aquel sinfín blanco de 15 metros de profundidad con las columnas ya todas colocadas, convertía aquel decorado en un larguísimo pasillo gracias al efecto de la falsa perspectiva, ahora bien, un pequeño desajuste de cámara, cambio de óptica, un golpe en el trípode, …; el efecto desaparecía y esa gran imagen desaparecía por arte de magia provocando un resultado deforme e incomprensible.

Habíamos citado a la señora Caballé a las 4 de la tarde para iniciar la sesión de maquillaje y vestuario con la previsión de rodar de 5 a 7, solo teníamos dos horas para filmar sus dos intervenciones en el anuncio, en la primera ella cantaba en solitario ante las columnas y seguidamente en otro decorado teníamos otro plano donde actuaba con todas las estrellas invitadas de ese año (Ketama, Estrella Morente, Ingrid Rubio, Lorena Bernal, Carlos Núñez, Tamara Rojo, Cristina Pato y Joaquín de Luz y también todas las burbujas Freixenet), casi nada…; además, a nuestra soprano le gustaba ir a las citas con tiempo para prepararse con tranquilidad, total, que se presentó 40 minutos antes de lo previsto y sin que nadie se percatara apareció por arte de magia en el plató. En los rodajes de Freixenet, cada vez que entra una gran estrella en el plató, a su llegada se crea una ceremoniosa bienvenida y tenemos el placer de saludarla e intercambiar unas palabras, es de agradecer; pero Montserrat nos pilló desprevenidos, fue como si entrara por la puerta de atrás y no tuviera ese comité de bienvenida, el caso es que no encontró a nadie… Llorens, con la enérgica eficacia que le caracteriza, puso en alerta a todo el equipo y cambió los planes de producción y obviamente incrementó la tensión en todo el equipo para que estuviéramos en alerta y aceleremos el proceso para que estuviera todo a punto a la hora prevista.

Pues ya teníamos casi todas las columnas en su sitio y la soprano me reclamaba en su camerino, me presenté inmediatamente a atender sus necesidades y solo entrar, con un rostro muy serio me dijo:

— Señor Joan, según su plan de rodaje solo faltan diez minutos y no me ha dicho nada.

— Sí, es cierto señora Caballé…

— Llamame Montserrat i tutéame por favor, que somos colegas de trabajo.

— Gracias, señora Montserrat —le contesté con prudencia porque su presencia impone respeto y me cuesta mucho tutear una cantante de ópera de esta magnitud, he de confesar que soy un gran fan y tenerla delante impresiona—, quería expresarle mi admiración por su trabajo y carrera, mi familia somos unos amantes de la ópera, si no le importa me gustaría que me firmara un disco suyo, se lo traeré cuando acabe todo.

— Muchas gracias por su comentario, claro, me trae el disco y en cuanto tenga un momento lo hago. —Me respondió con una sonrisa i pensé «bien, ya tengo el disco firmado de mi suegro», me da mucha vergüenza hacer esta peticiones pero lo tenía que hacer en honor a mi familia—. Pero dígame por favor cuánto falta.

— Lo tenemos casi todo a punto, en cinco minutos la vengo a buscar.

— Me alegro, quiero que sepa que la puntualidad es mi norma por lo tanto espero que estemos rodando a la hora prevista, supongo que le comentaron que tengo que acabar a las 7 en punto pues tengo otro compromiso que no puedo demorar.

— Sí, lo sé. No se preocupe, a las 7 habremos acabado.

Volví al plató pensando «con el lío que tenemos no se si vamos a poder cumplir y con lo exigente que es esta mujer tengo que estar a la altura», por lo tanto, grité.

— Atentos todos, en cinco minutos tenemos a la señora Caballé en el set, por lo tanto, os quiero a todos acabando lo que estáis haciendo y a punto.

En cuanto pones en alerta el equipo siempre hay alguien que necesita «un minuto más por favor», o que te comenta «¿ya? Espera diez minutos que yo no llego», o «necesito más tiempo»…; en definitiva, que estando todos ultimando sus tareas se presentó sin avisar la estrella acompañada por su hija, andaba lentamente ayudada de una muleta y al ver que todavía no estábamos a punto, me miró fijamente, pude percibir la preocupación en su rostro, se me ocurre dar la bienvenida en voz alta «equipo, Montserrat Caballé está en el set de rodaje» y por instinto todos la aplaudieron efusivamente hecho que ayudó mucho ya que le cambió el rostro de inmediato y mostró su más amable rostro e inconfundible risa contagiosa. Leopoldo y Karin la acompañaron a su posición en el set, a Pomés le gusta observar el plano detenidamente antes de dar motor, se puede pasar un buen rato reflexionando mientras mira, y mira, y mira… es lo que más le gusta, mirar. Mientras el miraba en el monitor y acababa de retocar la luz con Jose Mª Civit, el director de fotografía, Montserrat me mira fijamente de nuevo con rostro inquietante (tendré que acostumbrar a esas miradas demandantes), señala la cámara que hay en el suelo y me dice:

— Esa cámara —rodamos con dos cámaras, una estaba en un pedestal con un trípode alto realizaba un plano medio y la otra estaba en el suelo y realizaba el plano general, era la que estaba en la posición exacta de la falsa perspectiva, pues va y me señala la baja, me acerco para aclarar a qué cámara se refiere—, sí, sí… esa cámara, la que está en el suelo, no puede ir allí, quiero que la cambien de lugar o que la quiten. ¡Esa cámara fuera!

Uy dios… A Iván le cambió su rostro y me dice por lo bajo «no podemos cambiar la posición de esa cámara, no se puede tocar o nos destroza el invento», estaba asustado porque llevaban toda la mañana preparando el plano y le susurré «lo sé Iván, lo sé, voy a ver cómo lo puedo resolver». Leopoldo estaba junto con Karin comentando temas de encuadre y luz a Josep Mª Civit y no se percataron del percal que sobreviene, por lo tanto, me acerqué a ellos para informarles del tema.

— Leopoldo, la señora Caballé no quiere que rodemos con la cámara baja, ya te imaginas por qué.

— ¡Claro! ¿No podemos ponerla más alta? —Me contestó resolutivo.

— Las columnas están calculadas para esta altura, no podemos tocar esta posición.

— Pues vaya… ¿Y qué hacemos ahora? —Leopoldo hizo unos movimientos de pierna que ya me eran familiares, era su forma de expresar sus nervios, miró fijamente a Josep Mª Civit y le dijo— ¿Lo podemos resolver con la iluminación?

— Creo que sí, pero necesito tiempo —después de contestar a Leopoldo con la paciencia que le caracteriza, pensó, miró al techo y las luces, y de repente me dice— Si me das 10 minutos para mover un foco lo arreglo.

Tiempo, tiempo, tiempo… El tiempo tan preciado para la ejecución de cualquier trabajo y precisamente en este momento, el tiempo es oro; me giro, y veo a Montserrat que está de pie en el set expectativa esperando que alguien le diga algo, me mira, «esa mirada que ya me es familiar», me viene a la memoria que quería puntualidad y creo que muy a mi pesar esto no va a ser posible. Le pido a Leopoldo que ponga en marcha su gran habilidad de seducción y convenza a la señora Caballé que nos dé tiempo. Sí, tiempo, preciado tiempo… Con la maestría que lo caracteriza se acerco a su estrella y tranquilizó sus preocupaciones estilísticas y le dijo «estoy en tus manos Leopoldo y confió en ti», por lo tanto la convenció. La señora Montserrat me mira y me dice:

— ¿Tengo que volver al camerino?

— Sí, por favor, haremos unos retoques de luz y estará todo a punto en breve.

— ¿Cuánto vais a tardar?

— 15 minutos —me han dicho 10 pero siempre añado algo más de tiempo para asegurar que esté todo a punto.

— ¿15 minutos? —lo dice alzando la voz—, perdone Joan pero usted ya no está cumpliendo su promesa y recuerde que yo a las 7 me voy. Ya puede ponerse las pilas.

Todos los movimientos en el plató eran precisos y se realizaban con celeridad, ya íbamos tarde y el tiempo apremia, asimismo a las 7 teníamos que terminar, sí o sí, o nos quedamos sin estrella. 10 minutos más tarde ya estábamos todos a punto y fui a buscarla al camerino.

— ¿Ya? ¿Ya está? Que bien y que rápido, no sabe cómo se lo agradezco.

La sonrisa volvía a sus labios y nos acercamos al decorado con lentitud, todos expectantes, el silencio y la tensión del inicio del rodaje se notaba en el ambiente. Montserrat se coloca en su posición, y me vuelve a mirar, «uy, Dios, otra vez esa mirada», me dice.

— ¿Ya vamos a rodar?

— Sí, —me miro a Leopoldo, a Karin y a Civit esperando su confirmación que podemos rodar, ellos asienten la cabeza mientras que Leopoldo se friega las manos con emoción, ese es su gran momento, oír motor y sentir la conmoción que eriza la piel al presenciar a la interpretación de la gran diva— lo tenemos todo a punto señora Montserrat, podemos rodar.

— ¡Un segundo! —Era la voz de Jose Mª, tenia que retocar una sombra y daba instrucciones a los eléctricos a través del pinganillo—, tócame la bandera esa para que la sombra suba… Sí esa… —seguíamos todos quietos y expectantes—, un poco más arriba… Más… Eso es, aquí. Quieto, no la muevas. —ahora parece ser que ya lo tiene y se dirige a mí— Joan, ya está, podemos rodar.

En esos segundos Montserrat me miraba como queriendo decir «ya te decía que no íbamos bien, lo ves, todavía no hemos empezado…», pero ya estábamos a punto y podía dar las instrucciones de motor, playback y acción.

— Va preparados… —todo el mundo pendiente de mis instrucciones— ¿Todos a punto? —la tensión ahora es máxima y todos con el máximo de concentración— Preparado playback…

En ese momento, una de las columnas, la más cercana, empieza a tambalearse no sé por qué y cae hacia atrás llevándose todas las sucesivas columnas hasta llegar a la última, todo un costado no quedó ni una de pie, todas sucumbieron, si estuviéramos en un concurso de caída de fichas de dominó nos llevábamos el gran premio. Silencio absoluto en el plató. Pasaron unos segundos más y nadie decía nada. Iván no sabía donde mirar, le estaba tragando la tierra. El tiempo ahora sí que era tenso, y extenso, un segundo duraba una eternidad. Pues unas pocas eternidades más tarde Montserrat, que no se podía girar por el problema que tenía en la espalda y cadera y no había visto lo sucedido, dice.

— ¿Qué ha pasado?

Por lo bajini Iván me dice «tenemos el suelo marcado con las posiciones de las columnas, en menos de diez minutos, si nos ayudáis todos, lo vuelvo a tener en pie», pues no es tan grave como parece.

— Montserrat —ahora si que me tomo toda la confianza del mundo y la tuteo—, han caído una parte de las columnas y necesitamos un tiempo para reconstruir el decorado.

— Madre mía, ¿cuánto tiempo? —Exclamaba mientras su hija le acercaba la muleta y la acompañaba hasta el camerino.

— Pues creo que iremos rápido y en un cuarto de hora lo tendremos a punto. De todas formas, ya vamos avanzando en paralelo con el siguiente plano y le aseguro que haremos lo imposible para terminar a la hora prevista.

— Bueno, qué desastre… Estos imprevistos suelen pasar en todas partes, qué le vamos a hacer.

Todo el equipo reaccionó de manera formidable y en muy poco tiempo volvíamos a tener el pasillo de columnas a punto, Montserrat volvió sonriente y agradecida por la celeridad, dimos la acción y la voz de la soprano empezó a sonar por todo el plató, en una única toma tuvimos el plano que necesitábamos; el siguiente plano, el de la multitud de artistas lo tuvimos a punto a la hora prevista, estaban todos con sus vestidos de gala en sus posiciones esperando la llegada de la diva que, al entrar al nuevo set, recibió de nuevo el aplauso de todos y ella se volvió a emocionar, rodamos todas las distintas tomas necesarias de la canción y Montserrat participó muy colaborativa y entusiasta hasta que terminamos a la hora prevista todo lo del día. Abrazos, vítores, brindis y felicitaciones…

Terminado todo y mientras cogíamos Llorens me dice:

— Joan, te reclaman en el camerino de la Caballé.

Fui de inmediato pensando qué querrá ahora, al llegar estaba a punto de marcharse y comenta.

— Quería agradecerte el esfuerzo que habéis hecho para terminar a tiempo, ha sido fantástico y tenéis un equipo fenomenal, muchas gracias.

— Gracias a usted por su paciencia.

— Por cierto, sobre la mesa tiene algo para usted.

Tenía el disco que le había traído firmado por ella. Objetivo conseguido.

 

 

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