Espuma, espuma, espuma y más espuma hasta que…

Estábamos en el cuarto día de rodaje de El Capità Enciam, una serie de concienciación ecológica inspirada en los cómics de superhéroes, el Capitán Lechuga –interpretado por Pep Parés– va concienciando al personaje antagonista Blai Brosa –interpretado por el clown Claret Papiol– que en cada capítulo se disfrazaba de un personaje distinto (conductor, mecánico, paleta, mujer de la limpieza, comerciante, alcalde, repartidor de octavillas de publicidad, etcétera) y en clave de humor vemos cómo cada uno de los personajes hacen alguna de sus fechorías en sus actos diarios que pueden causar algún tipo de contaminación y, justo en ese momento, cuando está haciendo la trastada de forma mágica y surrealista, aparece el Capitán Lechuga para detener el acto y evitar un desastre ecológico. Cada capítulo terminaba con el mismo lema haciendo un gesto con las dos manos con los puños cerrados hacia cámara que se hizo muy popular en la época: «los pequeños cambios son poderosos».

Aquel día tocaba el capítulo del consumo de jabones y gel, se trataba de concienciar del exceso de su uso diario para minimizar la contaminación de ríos y mares. Para ello, Blai Brosa iba disfrazado de auténtica maruja de casa: su peluca, maquillaje (labios y ojos pintados), bata de trabajo casero, etcétera. El tema es que la señora se va animando y animando con el detergente a medida que va limpiando la casa y su lema es: cuanto más jabón, mejor, todo más limpio. En un momento del capítulo la espuma va subiendo y subiendo hasta que el personaje queda sumergido en esta; para ello nos prepararon un efecto con una máquina de espuma de parque infantil con la que generaba gran cantidad en pocos segundos llenando así, en un instante, el espacio delante de cámara donde estaba el actor. Después de pequeñas pruebas con el equipo y comprobar que el efecto por cámara era espectacular llamamos a Claret para que se pusiera delante del objetivo a la distancia ya calculada.

– Claret, ¿estás a punto? –comenté al actor entusiasmado por ver el resultado del plano por el monitor– sí. !Pues vamos allá!

Empieza el protocolo de rodaje «atento todo el mundo, vamos a rodar», el grito alerta de la ayudante de realización pone en tensión a todo el equipo y continúa dando instrucciones a cada uno de los técnicos «¿preparada cámara?»,«sí, a punto», «¿sonido?», «sí, preparado aunque espero que la máquina no haga mucho ruido…» siempre, los de sonido, salen con alguna sorpresa con la que no contabas en el momentos de los preparativos y, después de unos momentos de reflexión, digo inmediatamente «Claret, no digas el texto hasta que haya parado la máquina, !vale!, ¿sí?», «de acuerdo» me responde muy concentrado y preparado para realizar su interpretación, «pues ya podemos rodar». Dicho esto oímos «grabando sonido, grabando cámara, claqueta: Plano 20 toma primera…», ya está todo a punto pues… «¡Acción!». El actor interpreta en el momento que ve subir la espuma de forma espectacular hasta llenar todo el cuadro del plano, fantástico, «paramos la máquina» digo bajito y los técnicos la paran, el actor ya puede decir el texto que le tocaba, todos a la expectativa concentrados en el monitor, esperamos oír algo pronto o tendremos que cortar… no se oye nada, hay un silencio sepulcral… Esos tres, o cinco, o quizá diez segundos se convierten en largos e intensos; de golpe, Claret aparece de la blanca espuma tosiendo y vomitando, algo insólito que no había visto nunca, la espuma le había provocado una reacción alérgica y rápido tenemos que llevarlo urgencias. Afortunadamente estábamos rodando en un piso de la calle Muntaner que estaba muy cerca del hospital Clínico.

Una vez dentro de urgencias empezó la verdadera película; no sé si alguno de vosotros habéis pasado por urgencias en un hospital, y en especial en el Clínic de Barcelona ya que, por lo general, siempre hay una lista de espera bastante larga y, si el caso en la primera observación no es de extrema gravedad, no eres atendido inmediatamente y pasas a la cola de todos los ingresados. Imaginaros la patética imagen del pobre Claret sentado entre los enfermos: vestido de mujer con el rímel corrido, el maquillaje desencajado, evidentemente se había quitado la peluca y los zapatos de tacón, iba con sus zapatillas deportivas y el sudor del rodaje había dejado el pelo entumecido y sucio, imaginaros la pinta que brindaba a todo el personal de la sala de urgencias, sentado entre los enfermos hecho polvo, abatido por el susto y con falta de aire de los efectos alérgicos que, afortunadamente, iban poco a poco disminuyendo, la imagen deprimente que ofrecía suscitaba a los médicos de guardia todo tipo de preguntas capciosas: «¿de donde viene?» el joven doctor se lo miraba con curiosidad mientras escuchaba lo sucedido en el rodaje, salía diciéndole que en un momento u otro le atenderán; al cabo de unos minutos venía otro médico y preguntaba «¿ha tomado algún tipo de droga?», volvía a responder lo mismo, marchaba incrédulo; pasados otros largos veinte minutos entre enfermeras y personal clínico que pasaban a curiosear mientras se lo miraban de reojo entre escondidas risas y susurrantes comentarios, vuelve el primer médico con los resultados de los análisis y más preguntas «¿Ha practicado sexo? ¿Ha tomado alguna bebida alcohólica? ¿Cuánto tiempo lleva despierto, ha dormido esta noche?». Finalmente, aparecen con los resultados, sí, ya tiene el veredicto y constatan, después de descartar cualquier tipo de farra descomunal con orgía desenfrenada (ya se sabe cómo son estos actores del mundo del cine y de la televisión que mienten como bellacos y aprovechan todas las oportunidades habidas y por haber para el desenfreno comunal, al menos eso dicen), pues constatan la reacción alérgica y cómo ha reaccionado bien al medicamento ya puede ir para casa con la recomendación de no volver a “esnifar” esa espuma.

A la mañana siguiente descansó el equipo para la total recuperación del actor y, a la vuelta, pasados un par de días, volvimos a grabar los planos que faltaban con Pep (véase la foto) y esta vez, en lugar de usar una espuma industrial de esas que se utilizan en los parques infantiles, hicimos la espuma con el jabón que utilizaba Claret para ducharse garantizando que acabaríamos el rodaje con total tranquilidad riéndonos de la anécdota hospitalaria de la que, tanto médicos como enfermeras y todo el equipo de rodaje, no olvidaremos jamás gracias al final feliz. Me encantan los finales felices y más en este maravilloso oficio.

 

 

Jo Robot – El Capità Enciam

El Capità Enciam. Capítol Jo Robot. Podem reduïr la nostra dependència de molts dels petits electrodomèstics per aparells manuals o que no consumeixin energia.