Una puerta a la esperanza

 

Imagínese un país donde 1.600.000 niños no pueden ir a la escuela, ya que las han destruido. Donde se cometen al año más de 1.200 violaciones graves contra menores. Donde las mujeres embarazadas deben dar luz a escondidas. Donde 200.000 personas viven acosadas y casi 5.000.000 deben subsistir en condiciones infrahumanas. Imagínese una ciudad donde no hay puestos de trabajo donde acudir. Donde las tiendas están cerradas, incluso, el hospital, donde médicos y enfermeros han sido asesinados cruelmente. Imagínese un lugar sin vida, donde la destrucción y la desolación forman un paisaje lleno de escombros testigo de una crisis humanitaria sin precedentes.
No ha visualizado ninguna película de zombis, ni ninguna serie de televisión de ciencia ficción; ojalá estas tristes secuencias formaran parte de un guión cinematográfico pero, desgraciadamente, la realidad supera la ficción y los informativos ya nos tienen acostumbrados a ver este tipo de imágenes. Hemos descrito, por unos instantes, Siria, un país que necesita el apoyo internacional con urgencia.
El conflicto se inició con las primaveras árabes en 2011. Movimientos sociales, grupos espontáneos de personas, organizaciones que empezaron a movilizarse y reclamar sus derechos que consideraban menoscabados. Una lucha de unos “muchos” que pedían a unos “pocos” un sistema más igualitario. Pues, lejos de conseguir su fin, estas primeras demandas de justicia prendieron efecto cuando fueron silenciadas violentamente por el gobierno sirio. El conflicto armado no había hecho más que empezar. Lamentablemente, siete años después, ya han muerto más de 260.000 personas y, según la ONU, más de 12.000 son niños. Los supervivientes han dejado todo atrás para llegar hasta las fronteras de países como Turquía, Líbano y Jordania. Otros han intentado cruzar el Mediterráneo para entrar en Grecia o Italia. Muchos de ellos llegan descalzos, con ropas empapadas y en situaciones críticas en busca de un lugar donde sentirse a salvo de la guerra. Muchos otros continúan desplazados dentro del país donde el 80% vive en situación de extrema pobreza.
Es paradójico que, mientras en el año 2014 la ONU aprobó resoluciones que daban un alivio a millones de sirios para mejorar el acceso humanitario, los países miembros de este órgano insuflaban con armas a las diferentes partes. Concretamente, el 90% de las armas que se utilizan en el conflicto, han sido manufacturadas por los miembros permanentes del Consejo de Seguridad, especialmente Rusia y Estados Unidos. Europa se lo mira, mientras debaten si deben cerrar fronteras ante la oleada de inmigrantes que les llega, o han de dar asilo. Vamos a salir?
La parte positiva son las movilizaciones civiles, la concienciación ciudadana que hay en toda Europa, las ONG que se han propuesto salvar el máximo de vidas exponiéndose a las amenazas judiciales. Son unos “muchos” que luchan y dan ejemplo a los “pocos” que ignoran el desastre humanitario serán cómplices de este genocidio. Así pues, podemos concluir con unos datos más positivos resultantes de acciones de diversas ONG como Unhcr-Acnur, Open Arms, Save the Children y muchísimas más, que salvan vidas en un acto totalmente altruista que les honra. En definitiva, deseamos, que el trabajo de todos juntos con estos gestos, seguro, abren un resquicio a la esperanza para cambiar el mundo tan pronto como sea posible.

 

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